La sequía del videojuego y el limbo generacional

Hace muchos años, en una industria muy, muy lejana, el mundo del videojuego atravesaba dilatados momentos de sequía. Una época en la que se producía el alumbramiento de dos, tres, quizá cuatro lanzamientos destacables al año. La industria era menos hipócrita y confiábamos un poco más en el criterio de los medios. Recibíamos menos juegos, pero éramos un poco más felices.

Los jugadores sabíamos apreciar de verdad cada uno de esos títulos que llegaban en formato cartucho, bendecidos con un folleto ilustrativo en papel que servía como complemento o guía para la historia que allí dentro se encerraba. Ese ritual inigualable se completaba con una bella ilustración sobre la caja que protegía semejante tesoro. Un potente impulsor para nuestra inocente imaginación, que volaba evocando las emocionantes aventuras que estábamos a punto de experimentar.

Aquella época pasó. Hoy en día, afortunadamente, de vez en cuando recibimos pequeñas píldoras comprimidas en forma de excelentes títulos indie que consiguen impregnar en su fórmula pequeñas gotas de aquella magia. La misma, o bien parecida, que resplandecía con fuerza durante la batalla de los 16 bits.

En la actualidad, es fácil sentirnos abrumados por la gran cantidad de títulos que recibimos en un corto espacio de tiempo. En un año abarcamos un amplio y variado repertorio de juegos para todos los gustos. Al finalizar una generación quedamos exhaustos intentando recordar nuestra propia lista de juegos superados. Sin duda, desde que el videojuego se convirtió en un entretenimiento de masas, quien no juega es porque no quiere. Todos tenemos nuestro juego y está ahí fuera, esperándonos.

Reconozco que hace no mucho, durante la generación de Xbox 360 y PlayStation 3, experimenté cierto regocijo con esta situación, con toda esta abundancia desproporcionada en algunos momentos. Por supuesto, existían motivos para ese júbilo. Recordaba aquellos años de lanzamientos a cuentagotas y las generaciones con Nintendo 64 y GameCube. Aunque disfruté muchísimo con estas dos grandes consolas, pues me enseñaron la valiosa enseñanza del viejo refrán ” más vale calidad que cantidad “.

Esta reflexión mental a la que he intentado dar cierta forma y coherencia agrupando esta serie de palabras tiene una sencilla explicación que también puede resultar contradictoria. Algunas veces echo de menos aquellos tiempos de sequía. De hecho, pienso que ahora son buenos y necesarios. Un imperioso descanso de toda esa carga publicitaria, las comunidades de videojuegos tóxicas y las agobiantes hojas de ruta que anuncian la llegada de otro triple A que no necesitamos. Muchas veces no tenemos tiempo de asimilar los juegos. Antes disfrutábamos más y mejor.

Adoro este momento que ahora atravesamos, el ocaso de la octava generación con llegada de una línea de sucesión con escasos exclusivos, el mismo mal que padecieron PS4 y Xbox One. Este limbo generacional resulta perfecto para descansar la mente y reflexionar como jugador. Un momento ideal para seleccionar aquellos juegos que tuviste que dejar pasar, por la salud de tu bolsillo, la ausencia de tiempo y ese ritmo atropellado de lanzamientos que a veces asfixia, impidiendo disfrutar y asimilar aquello que juegas.

Es tiempo de jugar, ahora más que nunca, de la misma forma que hace años, cuando tenías tiempo para pensar detenidamente aquel videojuego que querías disfrutar sin agobios, sin prisa. Es momento de disfrutar de todo lo que tenemos acumulado, no de seguir invirtiendo en aquello que ya hemos jugado y que ahora pretenden vendernos una vez más con retoques visuales y purpurina. No hay prisa por adquirir PS5 y Xbox Series X. Todavía necesitan tiempo para construir la verdadera nueva generación. Mereced nuestro tiempo y ganad nuestro dinero. Conquistad de nuevo el entretenimiento.

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RUBIO

Redactor jefe de BornToPlay. Los videojuegos son una de mis grandes pasiones. Actualmente escribo especiales y analizo los últimos títulos manteniendo siempre una valiosa conexión con aquellos clásicos que marcaron el rumbo del videojuego. Firme defensor de toda mecánica que desafíe tendencias comerciales y accesibles.

3 comments

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  1. Voyevodus 11 enero, 2021 at 20:10 Responder

    Gran post. Y lleno de sentido común.

    Yo liquidé el RDR2 no hace mucho y ahora estoy con The Witcher 3, que lo había empezado dos veces y no me terminaba de atrapar. Ahora sí.

    Después me voy a liar con el Dark Souls 3. Y con el FF VII Remake, que me quedé con ganas de exprimirlo a conciencia. El Persona 5 Royal sería de lo único que me falta por jugar. Tal vez el Prey, que no hago más que oír maravillas de él. También tengo pendiente el remake de RE3, pero hasta que no lo vea por 10 o 15 pavos dentro del tiempo que sea, paso.

    • RUBIO 12 enero, 2021 at 09:58 Responder

      Menuda ristra de juegos tengo acumulados, Voyevodus. Incluyendo alguna generación pasada. Voy a darle un buen estrujón a todos esos títulos pendientes para quitarme varios. The Witcher III por cierto es uno de los que tengo pendiente. Empiezo a mentalizarme para ponerme con el.
      Un abrazo

  2. Ruryk Z 13 enero, 2021 at 20:32 Responder

    Una reflexión que muchos deberían leer y -como siempre- ¡muy buena, amigo! 😀
    Ahora mismo hay un consumismo rápido de los videojuegos (como en todo lo audiovisual), se ha perdido -como dices- esa parte de disfrutar de un videojuego con pasión y tranquilidad. Lo que buscamos es pasárnoslo -o ni eso- lo antes posible porque viene empujando por detrás el siguiente. No tenemos respiro.
    Como tú Rubio recuerdo los tiempos de N64 cuando exprimías a tope un juego porque no eran tantos los que podíamos tener. Servicios como GamePass es una de las mejores cosas que le han pasado a la industria para que podamos disfrutar de muchos grandes juegos, pero también te impide disfrutarlos a fondo. Yo me siento abrumado con los catálogos y no sé ni a qué jugar.
    Ponerse con juegos como The Witcher III y jugarlo de forma intensa es toda una hazaña hoy en día, así que ¡tenéis todos mis respetos! Jajajaja

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