El último juego de Silent Hill consigue dividir a los entusiastas. Sin embargo, no pueden reprochar nada. Sus responsables anunciaron previamente un giro en el estilo habitual de la saga. Ya sabéis, quien avisa no es traidor. Esta entrega inédita introduce cambios sustanciales, concretamente en su ambientación y jugabilidad. Su marco histórico nos traslada al Japón rural de los años 60. Así mismo, apuesta por un combate estilo Dark Souls, alejándose del survival horror y sin llegar a la penitencia jugable que suponen las obras de From Software. Estrenamos enero con el Análisis Silent Hill F.
En el Japón de los 60, Hinako Shimizu vive en un pequeño pueblo asentado en el paso de una montaña. Como cualquier adolescente, Hinako transita sus días sin grandes acontecimientos. Hasta que una densa niebla envuelve Ebisugaoka. Su hogar se transforma en un lugar donde el peligro es cada vez mayor. Su pueblo queda vacío, salvo por las abominaciones que acechan entre la niebla. Ahora, mientras recorre los sinuosos caminos de Ebisugaoka, Hinako debe resolver enigmas y pelear por su vida. Una lucha para alcanzar una decisión inevitable: acabar con aquello que debe destruirse.



La nueva proposición de Silent Hill
Los creadores han querido hacer lo mismo que RE hizo en su momento. Experimentar para innovar, llegar a un público mayor y dejar de reproducir Silent Hill una y otra vez. Personalmente, opino que han sabido hacerlo mejor que Capcom con el primer cambio de rumbo introducido en RE6. En lugar de sucumbir a la acción más ordinaria, apuestan por la influencia soulslike. Puede que para algunos, Silent Hill F haya fracasado como Silent Hill pero no lo hace como juego. Tiene momentos de terror y el combate, cuerpo a cuerpo, resulta sencillo, entretenido y funcional.
Dicho sistema de combate apenas introduce modificaciones durante toda la partida. Los movimientos y tácticas son siempre las mismas. La esquiva, el contraataque y dos tipos de golpe: uno poco potente pero rápido y otro fuerte que debemos cargar para provocar mayor daño. El juego introduce únicamente armas cuerpo a cuerpo con una durabilidad finita. Debemos controlar su integridad y repararlas, siempre y cuando tengamos un kit de herramientas, y reservar las mejores para aquellos enemigos más poderosos. Así mismo, disponemos de un inventario con una capacidad limitada que debemos gestionar.



Además, introduce la mecánica de la cordura, una barra que debemos controlar y reducir con el uso de algunos objetos. Durante la exploración, encontramos recursos que podemos consagrar en altares. Dichos elementos, pueden intercambiarse por fe, puntos de experiencia que mejoran las habilidades de Hinako. Así mismo, existen amuletos que mejoran nuestro combate, intercambiándolos en ranuras que debemos ir desbloqueando.
El trabajo visual resulta muy relevante. El pueblo de Ebisugaoka está recreado con gran realismo, poniendo mucho empeño a la hora de representar los detalles de una vida cotidiana en una zona rural. La belleza de la naturaleza contrasta con un ambiente inquietante. Los marcos, constantemente resultan aterradores y bellos al mismo tiempo.
Análisis Silent Hill F
Los escenarios abarcan dos mundos diferentes, el real y otro onírico donde destacan elementos del Japón tradicional. Los puzles, presentes en esta cara más delirante, no tienen término medio. Algunos resultan simples, otros demasiado confusos y a veces son ingeniosos. En cada uno de estos planos, Hinako posee armas y habilidades diferentes.



Los enemigos también destacan por su diseño y animaciones. Los enfrentamientos no son profundos pero requieren cierta habilidad, sobre todo los combates contra jefes. Estos enemigos singulares demandan mayor estudio y concentración para derrotarlos. En general, todos los rivales del juego y ciertas situaciones trasmiten dosis de tensión bien calculadas. Las secuencias que acompañan la historia, creada por el escritor japonés Ryukishi07, conocido por sus novelas visuales de terror psicológico, cumplen su cometido con creces.
Puede que no sea la entrega definitiva pero reinventarse resulta complicado. Silent Hill F consigue revitalizar la saga sin perder carácter con un buen juego de acción, psicológico y oscuro. Por supuesto, tiene algunos puntos débiles. La mecánica de la cordura no termina de brillar y algunos tramos resultan demasiado rígidos o guiados. Tiene un sistema de combate sencillo, pero efectivo y un mundo espiritual donde las mazmorras y el folclore japonés consiguen darse la mano. Su historia no dejará a nadie indiferente. Un relato brutal y acongojante que demuestra hasta qué punto puede llegar un ser humano para hacer frente a una pesadilla fantástica con elementos muy reales.
Nota: He realizado este análisis con una copia del videojuego pagada de mi bolsillo
Versión analizada: Play Station 5





