Wolfenstein II: The New Colossus

 

 

 

 

 

 

Buen juego, peor historia

Desde hace un par de generaciones sé muy bien lo que espero de un videojuego. Obviamente, uno de los aspectos que más valoro después de la jugabilidad es la calidad de la historia que me están contando, la profundidad de sus personajes y el guión que la consolida en escena. Por supuesto, una buena campaña en solitar.io que garantice unas cuantas horas de entretenimiento también es un factor a tener muy en cuenta. Dicho esto, para bien y para mal, sabía todo aquello que podía esperar del regreso de una serie clásica y renovada como es Wolfenstein, de Machine Games. Una de las cuentas pendientes que tenía para saldar durante esta temporada estival que va tocando a su fin.

Por el motivo anteriormente citado he decido que empezaré hablando por la parte que menos me gustó de Wolfenstein II: The New Colossus, que es su argumento y los personajes que lo protagonizan, sin contar por supuesto a Frau Engel y sus tropas de élite que resultan unos fabulosos oponentes repletos de carisma y arrojo, un ejemplo perfecto que demuestra la importancia que juega un buen antagonista en cualquier historia donde el jugador o el espectador no se muestra identificado con el héroe y su particular cruzada.

Situando la acción en unos interesantes y alternativos años 60 donde los nazis gobiernan América con puño de hierro gracias a una fantástica tecnología, el bueno de B.J. Blazkowicz tendrá que liberar su país de la opresión nazi. Hace ya tiempo que acribillar soldados alemanes de la Segunda Guerra Mundial dejó de hacerme gracia (aunque sean modernizados y con un aspecto muy molón), sin embargo menos gracia me hace Terror Billy junto a sus aburridos chascarrillos y toda esa disparatada Resistencia que tiene como colegas, todo ello aderezado con ese rollo tarantinesco en plan: vamos a matar muchos nazis a lo “Malditos Bastardos”, un guiño que busca ganarse al público de una forma sencilla inspirándose en el estilo de un film y algo que denota cierta falta de originalidad. Una especie de imitación/guiño que ya apestaba en la primera entrega y que inunda cada diálogo de este juego, y esta ocasión haciendo todavía más alarde de ello.

 

 

Por si esto no fuera suficiente, muchas de las cinemáticas que sirven para sostener todo este circo resultan absurdas y algunas de ellas podrían llegar a catalogarse como innecesarias, como por ejemplo la protagonizada por la señora Blazkowicz cerca del final del juego, donde, embarazada y a punto de dar a luz, para acabar con unos enemigos, acribilla y revienta a los susodichos mientras se descubre el torso mostrando sus pechos y el vientre hinchado mientras queda completamente cubierta de sangre. Si ya de por si una embarazada en el campo de batalla resulta completamente absurdo (aunque estemos hablando de un videojuego) la cinemática no solo podría llegar a catalogarse como excéntrica, resulta un detalle de muy mal gusto, mucho peor que contemplar amputaciones, vísceras o incómoda simbología nazi que tanto afecta a toda esa crítica hipócrita que solamente parece escandalizarse cuando más le conviene.

Centrándonos en su gran virtud, Machine Games mantiene intacta, incluso mejora en algunos momentos esa jugabilidad conservadora enriquecida con características actuales que ya vimos en el anterior juego, presentando exigentes y férreos tiroteos dentro de unos escenarios un poco más amplios. Una vez más, se cumplió con el objetivo fundamental, que es mantener la marca Wolfenstein actualizada pero sin perder esa intensa esencia añeja que algunos todavía saben valorar, algo que sin duda resulta complejo en los tiempos que corren. Al final esto es lo que cuenta, presentar una fórmula divertida, bien acabada y que resulte adictiva, aunque la dirección de su historia y sus personajes provoquen risa y sean de lo peor que he visto en un videojuego en los últimos años.

 

 

Etiquetas FPSWolfenstein

Comparte este artículo

Punisher

Juego y castigo

2 comentarios

Comentar
  1. Israel Flores 10 de septiembre de 2018 a las 19:37 Responder

    Es bueno saber con qué perspectivas puedo empezar esta segunda parte, ya que la primera (the new order) apenas la comencé a jugar y me encontré que es una mala imitación de lo que para mí fue un juego súper entretenido como RAGE y que si el plan era utilizar las mismas mecánicas y gráficas y estilo de gameplay, lo que si falta en wolfenstein era la ambientación bien lograda de RAGE, gracias por sincerarte ya que en verdad sirve para no elevar las expectativas a los niveles de publicidad que ha llegado a tener esta secuela.

    • RUBIO 10 de septiembre de 2018 a las 21:50 Responder

      Rage me gustó pero es cierto que a partir de la mitad del juego, quizá un poco después, da la sensación de que se “desinfla” poco a poco. Eso si, los primeros tiroteos, el uso de la pistola y la escopeta… puro id Software.
      Respecto a Wolfenstein… es su pedazo de jugabilidad lo que enamora y engancha. Coincido con Punisher en que la historia y el protagonista me causan el mismo sentimiento, en absoluto me calan y también me inclino por los enemigos, mucho más interesantes que Blazkowicz y compañía. Puede que este detalle en un juego de disparos en primera persona donde un buen control debe ser la estrella (y efectivamente así es) sea algo secundario pero puestos a enriquecer con un argumento más peliculero pues… debo decir que no me deja huella y que lo mejor, una vez más, es su control. Calidad, por supuesto, pero más de lo mismo.

Publicar un nuevo comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.