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La Misión 43 en MGS V: The Phantom Pain

 

Hacía tiempo que quería hablar acerca de una de las misiones más interesantes que tiene MGS V: TPP, la número 43 para ser más exactos. Una misión que puede llegar a reservarnos el momento más emocionante del juego pues en ella se comprime una poderosa carga de emociones que va en aumento desde el inicio hasta su final. Este capítulo es capaz de generar uno de los niveles de epicidad más altos vistos en la saga después del desenlace de MGS 3: Snake Eater. Aunque siendo francos, todos los Metal Gear encierran en su interior momentos inolvidables representativos de cada entrega. Sin embargo, hoy estamos aquí para hablar de la Misión 43, una de las tareas más complejas a las que tiene que enfrentarse Venom Snake.

La polémica suele ir de la mano con el videojuego a menudo por las situaciones en las que estos pueden llegar a situar al jugador, recordemos “No Russian” de Modern Warfare 2 por ejemplo. A veces las temáticas que tratan este tipo de situaciones son extraídas directamente de la propia realidad escabrosa de nuestra sociedad. Temas tabú, delitos, conductas inmorales, problemas actuales de diversas índoles o crisis que atraviesa o ha atravesado la humanidad. De este modo el alcance y la repercusión se intensifica. En este sector si algo es capaz de generar revuelo y dar de qué hablar muy posiblemente sea significado de un gran éxito.

La Misión 43 aborda un tema real; el peligro de las pandemias a gran escala y los mortíferos virus diseñados en laboratorio. Una amenaza representada una vez más a través de un videojuego y por supuesto con zombis de por medio. Pero en esta ocasión la forma en que se representa podría llegar a interpretarse como un guiño de Kojima hacia la popularidad que ha experimentado el género zombi en los últimos años, gracias a una serie que todos conocemos y a su forma de plantear el holocausto de no muertos. Tenga razón o no, lo cierto es que hay un momento en MGS V que comparte ciertas similitudes importantes: la evolución de un personaje y los problemas de un grupo, en este caso los Diamond Dogs, a la hora de sobrevivir en una situación extrema y por supuesto la gran carga emotiva derivada de las decisiones difíciles que han de tomarse en este tipo de situaciones. Los ingredientes que han convertido en un éxito a The Walking Dead.

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La misión es en realidad algo sencillo. Un nivel que hay que recorrer despacio y con calma, no hay recovecos ni complicados objetivos que alcanzar, no hay alarmas que podamos disparar ni enemigos potenciales a los que haya con pericia que combatir. Un edificio de nuestra Mother Base ha entrado en cuarentena y diverso personal de nuestro ejército se encuentra en su interior. Desde hace tiempo no hay comunicación con el edificio pero de pronto se recibe una misteriosa y breve transmisión. Investigar el interior del edificio para descubrir qué demonios ha ocurrido es solo el principio, personal militar y científicos yacen infectados y moribundos a lo largo de los pasillos y las diferentes estancias, identificar a los infectados y eliminarlos para acabar con su sufrimiento son los instrucciones precisas que hay que seguir. Sin embargo hay personas que no muestran signos externos por lo que es importante encontrar el modo de averiguar quién está realmente infectado. Pronto descubres la forma de hacerlo gracias a la ayuda de unas gafas especiales, con un simple vistazo hacia la garganta del sujeto es suficiente para confirmar su estado.

Todas y cada una de las personas que habías encontrando estás infectadas y es en ese momento cuando descubres no solo hasta qué punto pueden llegar a serte leales tus hombres. Algunos intentan evitar que los mates, otros simplemente gritan indefensos y unos pocos asumen valientemente su destino hasta el punto de entender que han de sacrificarse por el bien común a manos de su propio líder (este último caso es plasmado de una forma realmente emocionante). Es un instante genial donde quedan representadas las diferentes reacciones del ser humano a la hora de asumir el trágico destino de su propia muerte.

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Un río de cadáveres recorre los pasillos, la prueba de que la macabra pero necesaria tarea ha sido llevada a cabo. V, desolado, termina desplomándose entre los cuerpos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que la vida de unos infelices quede en manos del jugador para que éste decida su suerte es algo habitual en un videojuego, la diferencia en este caso radica en que no se trata de enemigos sino de aliados. Su resolución no es un momento que caiga en la superficialidad de disparar a alguien indefenso simplemente porque si, como puede ocurrir en muchísimos otros juegos. Tampoco es el clásico objetivo de limpieza y destrucción que llevamos a cabo de forma rápida, terminamos y nos marchamos. Es algo más complejo, el juego lo sabe y por eso, simultáneamente, hace al jugador “responsable” de esa terrible tarea haciendo que empuñe la pistola con la que de forma ordenada pondrá fin a todas esas vidas. La “misma” mano ejecutora que un día también sesgó la vida de su mentora, The Boss. Este hecho del pasado marca al protagonista de por vida y de forma magistral consigue que ese trauma pase al jugador reviviendo ese instante inolvidable de Snake Eater, no solo una vez, sino varias. Es un momento intenso pues no hay cinemática que haga el trabajo sucio, tampoco se lleva a cabo pulsando simplemente un botón como en la situación con The Boss. Uno por uno vamos buscándolos para acabar con el sufrimiento de esas personas; soldados, científicos, hombres y mujeres que un día juraron lealtad a una causa y a su líder. El mismo líder que ahora se ha convertido en verdugo.

Puede que Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, en su intento por reinventarse o querer adaptarse a los tiempos que corren, no haya conseguido ser el Metal Gear más puro que algunos esperábamos pero sin duda también encierra situaciones para el recuerdo como esta “Misión 43”, momentos capaces de disparar nuestras emociones hasta niveles insospechados.

 

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RUBIO

Redactor jefe de BornToPlay. Los videojuegos son una de mis grandes
pasiones. Actualmente escribo especiales y analizo los últimos títulos manteniendo siempre una valiosa conexión con aquellos clásicos que marcaron el rumbo del videojuego. Firme defensor de toda mecánica que desafíe tendencias comerciales y accesibles.

6 comentarios

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    • RUBIO 11 de marzo de 2016 a las 13:48 Responder

      Ahora entiendo también la longitud del “cuerno” (el pedazo de metralla incrustado en la cabeza de Venom) en mi partida. Además de perder puntos de heroísmo creo que este también aumentaba de tamaño en función de la gente que borras del mapa de forma permanente.

  1. voyevodus 12 de marzo de 2016 a las 11:20 Responder

    La máxima longitud del cuerno se alcanza cuando ensamblas un armas nuclear. La sangre permanece en Snake aunque se duche cuando esto sucede. El cuerno crece de golpe y no se puede disminuir ni quitar, a menos que la elimines, que por otra parte es imprescindible si quieres conseguir todos los trofeos, y además te salta una escena. Yo monté mi primer arma nuclear con unos 700.000 puntos de heroísmo, seguía teniendo 650.000 después, y mi cuerno y mi sangre seguían inamovibles.

    Sobre esta misión, que por cierto a nivel jugable es paupérrima comparada con las demás, pues eso, otra genialidad de Kojima más. Como el prólogo, como el final… como todo el juego, vamos, ya hablando en términos más jugables que de épica pura y dura, aunque eso es siempre demasiado subjetivo.

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