=Crónicas desde Skyrim= Diario de un viaje V

Crónicas desde Skyrim

Riften y el Gremio de los Ladrones

Roggi y yo permanecimos en silencio, observando detenidamente lo que había sucedido en un instante. Habíamos matado a tres imperiales dejando escapar a un cuarto. Mientras contemplábamos los cuerpos, el Capa de la tormenta consiguió levantarse del suelo. El muchacho nos miró un momento y después sonrió. Le faltaban algunos dientes. Tambaleándose ligeramente, avanzó un par de pasos y se agachó para recoger la espada del imperial muerto que estaba a su lado. Volvió a mirarnos sonriendo de nuevo, retrocedió lentamente hacia los árboles y se escabulló en la profundidad del bosque.

Después del encuentro con la patrulla imperial, decidimos reanudar rápidamente la marcha siguiendo nuestro camino por la orilla del río hasta llegar a Roca Cadalso. Los imperiales pronto echarían en falta la vuelta de la patrulla de reconocimiento. Eso o el imperial que había dejado marchar, informaría de lo sucedido al llegar a su campamento.

Comprobamos el mapa y nos alejamos de la orilla del río. El terreno se inclinaba ligeramente cuesta abajo y ante nosotros se abría un nuevo y oscuro bosque. Habíamos llegado a Roca Cadalso.

Sin duda era un lugar extraño. Un gran manto de árboles cubría aquel paraje con sus enormes ramas y dificultaban la entrada de los rayos del sol. Avanzábamos en silencio, rápidamente pero con cautela. Roggi había sujetado su martillo a la espalda y ahora llevaba un viejo arco en la mano.

El bosque también era silencioso, no se escuchaban pájaros, únicamente el zumbido del viento cortándose con las ramas de los abetos. Había algo mágico en aquel paraje, a simple vista no parecía haber rastro de vida pero la sensación de que algo o alguien nos vigilaba estaba presente en todo momento.

 

 

Llegamos a un pequeño claro donde la luz del sol se estrellaba sobre una laguna de oscuras aguas. En una de las orillas había erigida una estatua al gran Talos, con un pequeño altar a sus pies, también esculpido en piedra. Sobre el había algunas velas encendidas. Por un momento, la imagen me transmitió cierta tranquilidad y seguridad. Roggi permaneció en silencio pero la figura de Talos también lo había reconfortado. Con la cabeza medio inclinada, susurramos unas palabras de agradecimiento y rogamos para obtener su bendición. En el altar había algunas flores y otras ofrendas junto a las velas.

En silencio nos alejamos de aquella oscura laguna y continuamos nuestra aventura por el bosque de Roca Cadalso que poco a poco nos acercaba a Carrera Blanca. Nuestro destino no estaba lejos, pues los árboles del bosque comenzaban a separarse unos de otros, creando pequeños claros. El sombrío bosque desaparecía y pronto veríamos la gran llanura donde se levantaba el corazón de Skyrim.

De pronto vimos aparecer el gran valle entre los árboles. Una vasta extensión de terreno llano y hierba verde, salpicada con pequeñas agrupaciones de peñascos . En el centro y sobre una base de grandes riscos, se levantaba ante nuestros ojos la gran Carrera Blanca.

Hacía escaso tiempo que había estado en la capital de Skyrim, pero apenas había admirado la altura de sus grandes muros. Las enormes paredes de piedra protegían el corazón de la ciudad, juntándose sus extremos en la zona más escarpada de los peñascos. Allí se levantaba la ciudad y el castillo del Jarl Balgruuf,  donde Farengar, el mago de la corte, me había encargado recuperar la piedra de dragón.

Roggi y yo seguimos una camino de piedra que conducía hasta la entrada de la ciudad. A un lado del camino empedrado, había algunas granjas, un establo y… la Destilería Amielada. El rival de Maven Espino Negro tenía su negocio a las afueras de la ciudad. Una gran casa con paredes de piedra con techos de paja y brezo. Sin duda era una ventaja que la casa estuviera fuera de las murallas, lejos de las miradas curiosas y de la vigilancia permanente de las patrullas de la guardia.

Para acceder al interior de la ciudad había que pasar por dos secciones fuertemente protegidas por la guardia. Cuando por fin atravesamos la enorme puerta principal, reparé en la grandeza de Carrera Blanca. Era una ciudad grande, compuesta por tres distritos: el Distrito Llano, el Distrito del Viento y el Distrito de las Nubes. En este último, se encontraba el castillo del Jarl.

En el Distrito del Viento había un templo a la Diosa Kynareth, una capilla de Talos y el Salón de los Muertos, donde los ciudadanos enterraban a sus difuntos. Esta parte de la ciudad también albergaba algunas casas de gente importante, una forja y el cuartel general del Gremio de los Compañeros.

Mallo Maccio, el contacto de Maven Espino Negro, nos aguardaba en una posada del Distrito Llano llamada La Yegua Abanderada. Esta era la parte de la ciudad donde se encontraba el mercado, las posadas, algunas viviendas y el cuartel de la Guardia.

 

 

Las calles de la ciudad desprendían bullicio y actividad. Comerciantes, ladrones, viajeros, mercenarios, mendigos, aprendices de mago… era evidente que Carrera Blanca era la capital de Skyrim.

Encontrar la posada no fue difícil. El Distrito Llano era la primera sección al entrar en la gran ciudad. La posada estaba llena de gente y una mujer cantaba una canción que resultaba familiar para cualquier nórdico, “El Sangre de Dragón“. Nuestro contacto pronto se hizo destacar entre las gentes de la posada. Un hombre sentado en una mesa llena de alimentos y copas de vino, nos hizo señas para aproximarnos. De algún modo que desconocíamos, aquel hombre nos había reconocido.

Roggi y yo nos acercamos a la mesa de Mallo Maccio. Era un hombre de avanzada edad y a juzgar por sus ropas no era un pobre diablo. Nos miró con detenimiento mientras masticaba un pedazo de carne, después nos hizo un gesto para que nos sentáramos con él. Maccio nos contó el plan que permitiría a Maven Espino Negro deshacerse de la Destilería Amielada.

El dueño de la destilería iba a recibir la visita del capitán de la Guardia al día siguiente. Al parecer, existían quejas de algunos ciudadanos de Carrera Blanca por las pésimas condiciones de higiene que había en la destilería. La visita del capitán tenía como objetivo comprobar la calidad del aguamiel  y si se destilaba en condiciones adecuadas. Nuestra misión era sabotear la cata del día siguiente. Para ello tendríamos que visitar la Destilería Amielada sin que nadie nos viera y tendríamos que hacerlo esa misma noche. Nos despedimos de Maccio y fuimos al mercado para vender algunas pieles y unos anillos de los imperiales que habíamos matado por la mañana.

Al anochecer, salimos de la ciudad y caminamos sin prisa hacia la Destilería Amielada, con seguridad llegaríamos a su puerta cuando el negro manto de la noche estuviera envolviendo completamente nuestra sagrada Skyrim. Al llegar a la destilería, observamos los alrededores. Era una noche sin luna y corría un viento frío. Las dos granjas cercanas ya habían recogido a los animales y sus entradas estaban iluminadas con antorchas pero los campesinos descansaban el el interior después de un largo día de trabajo. La destilería estaba completamente cerrada y oscura, pero Maccio nos había dicho que el dueño vivía en su interior. La casa era grande pero con un poco de suerte y sigilo, pasaríamos inadvertidos. Rodeamos la casa y descubrimos una pequeña trampilla cerrada. Seguramente ese acceso era el lugar por donde descargaban los materiales para elaborar el aguamiel.

Aparte de ser silencioso y saber luchar, en el Gremio de los Ladrones había que aprender otro complicado arte. El manejo de la ganzúa. Forzar la cerradura adecuada, puede ser de gran utilidad en las labores de este gremio. No se me daba mal esta tarea y mientras Roggi vigilaba conseguí forzar la vieja puerta de madera.

Silenciosamente nos deslizamos en el interior de la destilería. Había un gran olor a fermento en aquel lugar. Efectivamente habíamos accedido al interior del almacén y justo donde se almacenaba la famosa bebida nórdica. Cuando nuestros ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudimos ver las enormes barricas de madera. Entre todas ellas destacaban dos contenedores dorados, más pequeños, que seguramente guardarían el aguamiel de mayor calidad. El almacén se encontraba en el subsuelo de la destilería. El olor a fermento se mezclaba con la humedad y un olor a excremento. Pude ver como corrían por el suelo algunas crías de skeevers.

Roggi me hizo señas en silencio, señalándome los animales, pero no conseguí entender lo que me quería decir, hasta que agarró a una de las criaturas y la destripó con su daga. Después trepó hasta una de las barricas y sumergió al animal en el líquido, esparciendo sus vísceras por la bebida.

 

Para desgracia del dueño de la Destilería Amielada y por fortuna para nosotros, aquel almacén estaba plagado de las crías de aquellos animales. Las quejas de los ciudadanos eran fundadas. Una a una capturábamos las crías y las destripábamos vertiendo su sangre y las sucias tripas en el aguamiel. Los nuevos “ingredientes” otorgarían al aguamiel el sabor adecuado para la cata del día siguiente. Cuando terminamos de sabotear todas las barricas, apenas quedaban skeevers en el almacén. Sigilosamente volvimos a salir por la trampilla y nos alejamos de la destilería para volver a la posada de Carrera Blanca, donde nos esperaba Mallo Maccio.

Después de informar a Maccio, Roggi y yo pagamos un par de raciones de comida, dos copas de vino e hicimos noche en la posada. A la mañana siguiente, aguardamos la salida del capitán de la Guardia en las puertas de la ciudad. Nos acompañaba Mallo Maccio. Al poco tiempo, el capitán salió de la ciudad acompañado por  cuatro guardias que lo escoltaban a todas partes durante sus tareas diarias. La primera de aquella mañana, era la visita a la destilería de Carrera Blanca.

Con cierta discreción seguimos al pequeño destacamento por el camino empedrado de las afueras de la ciudad. La actividad en Carrera Blanca y sus alrededores había comenzado y el camino estaba plagado de viajeros y campesinos, lo que nos hacía pasar desapercibidos.

Cuando el destacamento llegó a las puertas de la destilería, nos detuvimos en unos establos cercanos. Roggi preguntó al dueño el precio de los caballos, mientras Mallo Maccio y yo, contemplábamos a los animales pero sin quitar ojo a lo que ocurría en la destilería. El capitán y dos de sus hombres habían entrado en su interior y los otros dos soldados se habían quedado fuera montando guardia, mientras hablaban y reían.

Roggi seguía comprobando los caballos, mientras regateaba con el dueño, cuando de pronto la puerta de la destilería se abrió violentamente con un fuerte golpe. Uno de los soldados sujetaba al dueño de la destilería y lo empujó hacia fuera. El hombre maniatado, no paraba de gritar:  -”me han tendido una trampa mi señor, soltádme “ . Detrás de ellos salió el capitán de la guardia, escupiendo y maldiciendo.

Las campesinos de las granjas de alrededor y las gentes que pasaban por el camino, se detenían para contemplar como los guardias se llevaban detenido al dueño de la destilería, mientras éste no paraba de gritar.

– “Parece que alguien va a pasar una temporada en los calabozos de la ciudad” dijo Mallo Maccio.

– “Seguro que a donde lo llevan no hay aguamiel” agregó Roggi riéndose.

Mallo Maccio permaneció inmóvil durante un momento, observando como se alejaba el destacamento de vuelta a la ciudad con su prisionero. Después se giró y me dijo:  -” habéis hecho un buen trabajo, aquí tenéis vuestro pago. Ahora podéis regresar, tenéis que informar en Riften. Después de darme una pequeña bolsa de cuero con 700 monedas de oro, se alejó tranquilamente hacia Carrera Blanca.

– “Deberíamos hacer un alto en el camino para celebrar nuestro éxito con dos jarras de aguamiel, pero que no provenga de Carreba Blanca “- bromeó Roggi.

Nuestra tarea en la capital había terminado y debíamos volver para informar de nuestro éxito a Maven y al Gremio. El negocio del aguamiel volvía a ser solamente suyo.

 

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RUBIO

Rubio en Google+ Redactor jefe de BornToPlay. Los videojuegos son una de mis grandes pasiones. Actualmente escribo especiales y analizo los últimos títulos manteniendo siempre una valiosa conexión con aquellos clásicos que marcaron el rumbo del videojuego. Firme defensor de toda mecánica que desafíe tendencias comerciales y accesibles. No soy un periodista ni un mercenario, soy un jugador.

12 comentarios

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  1. BladeRunner 28 de Abril de 2012 a las 23:50 Responder

    Bravo, como siempre, genial. Siempre que haces las cronicas, recuerdo que aun hay un juegazo que no he catado.
    Este verano sera mi verano con Escairrim. :), El GRAN juego de esta generacion de consolas. Deberia ser obligatorio para todo jugon probar los the elder scroll.
    Saludos, gran relato como siempre.

    • Yaybes 29 de Abril de 2012 a las 00:06 Responder

      a mi ya me gustaría,encima un amigo me puso los dientes largos con este juegazo,y luego vengo aqui y me los ponen mas…shit,a ver si en verano yo tambien lo cojo!

  2. RUBIO 29 de Abril de 2012 a las 15:38 Responder

    Yo os recomiendo que no lo dejéis pasar. Es un pedazo de videojuego.
    Me alegra que te mole Blade, porque además he cambiado de opinión y voy a seguir escribiéndolas. Me gusta hacerlo, aunque me lleve bastante tiempo pero quiero sacar toda mi partida en relatos. A ver si lo consigo.

    Un saludo chavaless

    • Yaybes 29 de Abril de 2012 a las 17:34 Responder

      Oh my… no te gusta fallout 3? joder,ya se que para gustos están los colores,pero ese juego me encantó,lo jugabamos un amigo y yo y nos lo pasabamos de putisima madre,andando por el mundo desolado,muy jarto…

  3. BladeRunner 29 de Abril de 2012 a las 20:48 Responder

    Cuestion de gustos por genero, Yaybes, :)Mola mucho, pero que mucho, el mundo de Fallout 3. No me lo pasé porque en un sitio siempre se me quedaba colgada la play y lo dejé, puff.

    Esos paramos desolados eran su virtud pero tambien su defecto no? Era un poco monotono, monocolor.. molaba y a la vez no, no se.

    Me quedo con Oblivion. Esa banda sonora aun la tarareo, el poder estar metido en un mundo de caballeros, trasgos, trolls…. espadas, hechizos, ese mundo tiene algo muy especial, los elder scroll en si son algo de otro mundo. Ese mimo en la pasion por la perfeccion es increible.

    Pero bueno al final es cuestion de gustos, un mundo post-apocaliptico mola mucho, pero…te digo una cosa Yaybes: por qué Bethesda es incapaz de diseñar rostros bellos??? En Oblivion y en los Fallout, los personajes son mas feos que falete con estreñimiento. Ya no se en Skyrim…
    Saludos!!

    • Yaybes 29 de Abril de 2012 a las 21:31 Responder

      uoh y no te quejes de los personajes,que no los hacen manga,son Japoneses!
      pues si que es verdad,en skyrim no tengo ni zorra,pero en el fallout eran mas feos que el fary comiendo limones!
      Pues si que es verdad lo del mundo,molaba un huevo pero era monotono,lo bueno,a mi gusto,era el poder ir descubriendo localizaciones,cosas raras o sitios y que te ibas a encontrar alli,un refugio abandonado,una casa casi destruida,una fortaleza de supervivientes…no se, ese era su encanto para mí!

  4. RUBIO 30 de Abril de 2012 a las 01:18 Responder

    Fallout mola pero a mi su sistema de combate terminó cansándome. Al principio estaba bien pero luego resultaba monótono. Si os soy sincero, me lo pillé pensando que iba a ser como el Oblivion y la verdad es que me decepcionó un poco. Oblivion es Oblivion.

  5. Cejel 7 de Mayo de 2012 a las 15:36 Responder

    Cojonudooooo, Rubiooooo eres incansable, es lo que mas me gusta de este blog. Estas crónicas que escribes sobre Skyrim macho, no me canso de leerlas, es más cuando termina la crónica me da pena que se acabe joder nos dejas intrigrados al menos a mi, para ver como sigue la historia (cabrito de niño).
    Mi felicitaciones de nuevo como siempre, son brutales estas crónicas.

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