=Crónicas desde Skyrim= Diario de un viaje II

Crónicas desde Skyrim II

Este videojuego merece mucho más que un simple análisis porque no es un  título más. Es un viaje, una experiencia y una historia que merece ser contada y que sin duda todos los que la jugamos recordaremos siempre.

Esta es mi historia personal en Skyrim, contada como un diario de viaje en el que no sigo un orden establecido pero si intento que el argumento de la historia principal vaya apareciendo poco a poco. Mi intención es recorrer y descubrir Skyrim. Conocer su historia, sus ciudades, sus gremios y todas las sub-aventuras para poder forjar de este modo una aventura completa y un personaje que sea digno de enfrentarse y desvelar la historia principal. Todo ello contado y anotado en tiempo real sobre un cuaderno a modo de relato.

Como curiosidad, quería resaltar que las fotos que aparecen acompañando el texto son fotos que hago con la cámara de mi móvil durante la partida.

Así es como pienso que se debe jugar a esta obra maestra o al menos como a mi me apetece jugarla y vivirla.

 

Diario de un viaje II

Riften y el Gremio de los Ladrones

Encabezado


Riften rebosaba actividad esa mañana. El marcado de la plaza reunía a comerciantes que vendían todo tipo de objetos, armas, comida, joyas, pociones… El lugar reunía a gentes y razas de todo tipo procedentes de cada rincón del Reino. “Las lechugas están frescas como una mañana de invierno” gritaba una tendera. Antes de vender o comprar mercancía debía visitar la guarida del gremio, oculta bajo las alcantarillas de la ciudad.

“La Ratonera” que así se llamaba la guarida era efectivamente un auténtico nido de ratas. Para acceder a ella había que llegar al centro de Riften y bajar unas escaleras de madera que conducían a unos pequeños canales de agua procedente del lago. Las escaleras terminaban en un pequeño muelle donde desembocaba  la red de alcantarillado de la ciudad y era el lugar por el que se accedía a la guarida de la comunidad de ladrones.

En lo más profundo de La Ratonera, las antiguas cloacas de la ciudad, había unos calabozos abandonados y la taberna del gremio. Para llegar hasta allí había que atravesar una serie de sucios pasillos y estancias pobremente iluminadas con antorchas que conducían a la taberna, el Jarro Ajado. Era un lugar privado, solo para miembros del Gremio. No solo era una taberna, también hacía las veces de hogar para todos aquellos ladrones. Entre viaje y viaje, robo y robo allí tenían un sitio donde guarecerse e intercambiar o vender la mercancía robada con los demás miembros, no sin antes haber pagado una cantidad al Gremio. Era un agujero mugriento con un hedor nauseabundo, muy propio de la calaña que allí habitaba. Hablé con Brynjolf para informarle sobre la tarea que me habían encomendado días atrás. Tuve que intimidar a algunos comerciantes de Riften para que siguieran pagando el impuesto especial al Gremio, a cambio de la protección que este ofrecía. Me felicitó por ello. Poco a poco me había ganado su confianza y mis buenos servicios habían tenido su fruto. Brynjolf me dijo que Maven, de la familia Espino Negro, quería hablar conmigo personalmente. Me aguardaba en una posada de la ciudad y tenía una encargo especial para mi.

escudo riften

 

¡Qué ganas tenía de salir de aquel inmundo agujero! Al salir de las cloacas y caminando de nuevo por las calles de Riften me sentí liberado. Maven solía estar en planta  superior de la taberna-posada “La Abeja y el Dardo”. No me gustaba aquella mujer. El poder y el miedo eran sus armas. Todos los habitantes de Riften la conocían y la temían. Esto la convertía en una criatura prepotente y sin escrúpulos.

La familia Espino Negro siempre ha sido aliada del Gremio. Sus contactos con el Imperio y por todo Skyrim iban como anillo al dedo. El Gremio se mantenía gracias a esta familia y era uno de sus brazos ejecutores. Antaño había un Gremio instaurado en cada ciudad de Skyrim pero ahora no pasaban por un buen momento. Los negocios turbios y la corrupción llevada al exceso habían hecho perder mucho dinero a la gente honrada y empezaron a abandonar las ciudades. El oro no fluía como antaño y el Gremio había perdido el gran respeto que antes se le guardaba. Ahora resistía únicamente en Riften gracias a los encargos sucios de esta familia.

Maven me explicó el nuevo encargo. Los Espino Negro tenían una destilería de agua miel en Riften. Comentaban que era la mejor de todo Skyrim y era fabricada por su propia familia. El monopolio de su comercio por todo el reino era únicamente suyo pero al parecer había surgido un importante competidor en Carrera Blanca. La Destilería Amielada.

El trabajo era algo más complejo que los anteriores encargos. Tendría que viajar a Carrera Blanca y allí localizar a un contacto de Maven llamado Mallo Maccio que me ayudaría a organizar un plan para acabar con el dueño de la destilería Amielada y de paso averiguar como había conseguido ponerse a la altura del negocio de la familia Espino Negro.

Era mi primer trabajo serio dentro del Gremio, algo más delicado. Maven lo recalcó y aseguró que nadie iba a causarla problemas. Si llegara a ser necesario, avisaría a La Hermandad Oscura. Después de aquel aviso en el que también parecía incluirme, Maven se despidió con su gran prepotencia.  “Con gusto hundiría mi espada en tu garganta” pensaba para mis adentros mientras bajaba las escaleras.

Salí de posada y esa misma mañana decidí poner rumbo hacia mi nueva misión. De nuevo volvería a pisar Carrera Blanca pero no sin antes comprar algo de equipo nuevo. El Gremio me había pagado bien y cerca de Riften había un pequeño asentamiento con unas pocas casas donde había visto trabajar el metal a un herrero. Me dispuse a salir del pueblo y llegar hasta allí, lejos de la corrupción de la pequeña ciudad. Con el dinero de los encargos anteriores, saqueando aquí y allá había conseguido reunir una buena cantidad de oro que había utilizado para comprar un caballo pero ese maldito animal siempre que lo dejo suelto escapa y no hay manera de volver a encontrarlo. A veces pienso que mejor cuenta me habría traído comérmelo.

La mañana era fría pero lucía el sol cuando llegué a la casa del herrero. Tras charlar un rato con él, observé detenidamente los utensilios que tenía a la venta. No estaba interesado en corazas ni en otros atuendos. Sin embargo tenía una estupenda cuchilla orca… afilada, con la punta muy pronunciada. No dudé en comprarla, pues siempre fue de mi agrado como trabajan los orcos sus armas. Son agresivas, rudas en sus materiales pero muy resistentes. Las armas de esta raza carecen de elegancia o adornos pero son contundentes y efectivas. Justo cuando me disponía a proseguir mi viaje el herrero solicitó mi ayuda.

Skyrim

La mina donde trabajaban los habitantes de su pequeña comunidad había sido invadida por arañas gigantes. No me importó en absoluto prestar mi ayuda a aquella pobre gente. Sentía que era mi deber para de algún modo lavar mis malas acciones a ojos de Talos pero a decir verdad, si hay algo en esta tierra que odie más a parte de los magos, eso son las arañas gigantes. Mataron a mi primer caballo.

La entrada a las entrañas de la montaña estaba cerca de la herrería pues el pequeño asentamiento donde el herrero y unos pocos habitantes subsistían, descansaba en los pies de la montaña. Construida en una gran pared de roca vertical estaba la entrada a la mina. La guerra había empezado a traer la miseria a Skyrim y si esta gente no podía trabajar los metales, su único modo de vida, ¿qué sería de ellos?. Sin pensarlo y con una antorcha en la mano comencé a caminar en dirección a la oscura entrada.

Podía escuchar el goteo del agua filtrarse por las paredes de la roca, olía a humedad pero también podía olerlas a ellas, las arañas, sabía que estaban ahí. Extremé la precaución cuando las paredes de la mina empezaron a ensancharse. Mas adelante pude ver un puente de madera que llevaba a una escalera excavada en el suelo. Seguramente llevaba al lugar de trabajo de los mineros. También pude ver algunas de las víctimas de las arañas, atrapadas y envueltas en sus telas, colgando de los techos a la espera de ser devoradas. Pobres desgraciados. Fue en ese preciso momento cuando empecé a escuchar el movimiento de sus patas. Lentamente dejé la antorcha en el suelo. El sonido  parecía moverse de un lado a otro en la oscuridad y en la profundidad de aquel agujero. Todavía no me habían descubierto. Estaba sacando mi excelente arco de cristal y tensando ligeramente una flecha cuando pude ver a la primera de ellas. Estaba quieta, cerca de unas barricas de madera y algunas herramientas. Todavía no había alcanzado su forma adulta pero ya tenía el tamaño de una cabra. Debía ser rápido y sigiloso si quería acabar rápidamente con ellas. El herrero y los mineros habían contado cinco arañas. Si conseguía matarlas poco a poco, sería más fácil pues no era buena idea lanzarse al combate contra todas ellas al mismo tiempo. Tienen un cuerpo débil, muy vulnerable al filo de la espada o la punta de una flecha pero si lograban atacarme en grupo y alguna consiguiera morderme estaría perdido. Su veneno congelador actuaría rápidamente inmovilizando todo mi cuerpo y mi destino terminaría en los techos de aquella mina, colgado junto a esos pobres diablos.

Tensé la cuerda y disparé pero la araña se movió ligeramente hacia un lado y la saeta terminó estrellándose contra la roca rompiéndose en pedazos.  “Por los nueve divinos… ¡maldita sea! ” mascullé  sacando rápidamente otra flecha. Mientras… la araña avanzaba rápidamente hacia mi. De nuevo tensé el arco y solté la flecha que cruzó la oscuridad de la cueva alcanzando a la araña en uno de sus ojos. No había tiempo que perder, podía escuchar a las otras arañas moverse hacia mi posición. Saqué otra flecha y al levantar la mirada con mi arco pude ver como se acercaban rápidamente. Tenía cierta ventaja ya que no eran muy inteligentes y avanzaban hacia mi en línea recta, atravesando el puente de madera. Una a una fui acertándolas con mis flechas hasta que la última estaba demasiado cerca para mi arco pero no para la espada. La araña levantó sus patas delanteras y lanzó su ataque estrellando sus colmillos en mi escudo. Era el momento, bajé mi defensa a la vez que levantaba mi nueva cuchilla orca dejándola caer sobre el tórax de la araña que se abrió como una calabaza. El cuerpo y las patas de la infame criatura se agitaron durante unos instantes y después cesaron para siempre. Por hoy se habían acabado las arañas.

aldea

Me dispuse a salir de la mina no sin antes registrarla y recolectar un poco del veneno congelador de las arañas, pues me sería muy útil para futuros combates impregnando un poco en la punta de mis flechas o en el filo de mi espada. Siempre se me ocurren unas excelentes ideas con los venenos.

Salí de la mina e informé al herrero de la  suerte que habían corrido las arañas. El hombre se sintió muy agradecido y tras ofrecerme algunas monedas de oro por aquella labor por fin pude poner rumbo hacia Carrera Blanca, el centro comercial más importante de todo Skyrim.

Después de caminar el resto del día, recoger algunas plantas y dar muerte a dos venados, llegué hasta unas aguas termales donde emanaban  enormes columnas de vapor y chorros de agua caliente. Era un lugar extraño pero a la vez bello. A lo lejos, en una de las orillas pude divisar a un par de cazadores sumergidos en sus cálidas y  burbujeantes aguas. Pensé en darme un buen baño, falta me hacía por Talos, iba a quitarme la coraza y las botas cuando de pronto sentí moverse el suelo bajo mis pies. De pronto entre unos árboles cercanos, aparecieron unas enormes siluetas. El suelo retumbaba al paso lento de dos enormes mamuts y su guardián, un enorme gigante armado con un gran garrote. Me acerqué a ellos con curiosidad pero con mucha precaución y guardando la distancia. El gigante me miró desconfiado. Era bien sabido que estas criaturas no solían atacar a los viajeros a menos que molestasen a sus mamuts… “molestasen a sus mamuts”, “molestasen a sus mamuts”, “molestasen a sus mamuts…”  La frase parecía repetirse una y otra vez dentro de mi cabeza pero logré controlar mis impulsos. Un ataque a un rebaño de mamuts que tiene como pastor a un gigante de más de dos metros con una porra del tamaño de un hombre no podía terminar bien. Permanecí inmóvil, viéndoles pasar y contemplando como poco a poco se alejaban hasta desaparecer.

Me detuve un rato en aquellos manantiales. Me despojé de mis atuendos y me sumergí despacio en sus cálidas aguas mientras pensaba en la grandeza y la belleza de aquella tierra. A menudo peligrosa para los imprudentes.

 

Te llevo conmigo por todo Skyrim

Etiquetas Bethesda

Comparte este artículo

RUBIO

Rubio en Google+ Redactor jefe de BornToPlay. Los videojuegos son una de mis grandes pasiones. Actualmente escribo especiales y analizo los últimos títulos manteniendo siempre una valiosa conexión con aquellos clásicos que marcaron el rumbo del videojuego. Firme defensor de toda mecánica que desafíe tendencias comerciales y accesibles. No soy un periodista ni un mercenario, soy un jugador.

9 comentarios

Comentar
  1. RUBIO 31 de Enero de 2012 a las 19:51 Responder

    Gracias Blade :).Me algra que os guste. Si me vieras jugar… parezco un loco con el plano desplegado y un cuaderno lleno de anotaciones. Parece la Biblia.

  2. RUBIO 31 de Enero de 2012 a las 21:05 Responder

    Eeee Lorite… jejeje un placer verte por aquí. Sé que tu también estás muy perdido por Skyrim. Cuando salgamos de este juego no sé que va a ser de nosotros. Yo voy a necesitar terapia.

    Un saludo

Publicar un nuevo comentario