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Cine y videojuegos: Tarde para la ira

Tarde para la ira es la nueva obra de Raúl Arévalo, una de esas películas cuyo tráiler hace que recuerdes el nombre y la fecha de tu próxima cita en el cine. La verdad es que no me equivoqué con esa buena sensación y nuevamente puedo decir de forma orgullosa que otra película española ha conseguido hacerme salir satisfecho de una sala.

Madrid, agosto de 2007. Después de un atraco a una joyería, Curro, el conductor de los asaltantes, es el único que entra en prisión por dicho delito. Ocho años después, sale de la cárcel con intenciones de comenzar una nueva vida junto a su familia. Sin embargo, las cosas no saldrán como él esperaba; una situación inesperada y un desconocido llamado Jose llevarán a Curro a emprender un extraño y duro viaje, donde ambos personajes volverán a enfrentarse a los fantasmas del pasado mientras recorren el camino de la venganza.

 

 

Nos encantan los thrillers y las historias de venganza, Tarde para la ira es intensa, emocionante y las interpretaciones de los dos personajes principales son geniales, así como las peculiares situaciones en las que ambos se ven envueltos. Tiene una estética sucia y barrio-bajera, en este aspecto hacen mucho las reconocibles localizaciones y algunos secundarios que contribuyen de forma positiva a darle peso y autenticidad al argumento.

Más allá de la ficción que plantea esta película y acercándonos de forma dramática a la realidad, la historia que muestra podría ser la de cualquiera de los muchos sucesos trágicos que han ocurrido, y ocurren, en nuestro país, casos reales donde la justicia mira hacia otro lado y la solución más justa sería una venganza como la que plasma el nuevo trabajo de Arévalo. Sin duda, puro cine.

 

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RUBIO

Rubio en Google+ Redactor jefe de BornToPlay. Los videojuegos son una de mis grandes pasiones. Actualmente escribo especiales y analizo los últimos títulos manteniendo siempre una valiosa conexión con aquellos clásicos que marcaron el rumbo del videojuego. Firme defensor de toda mecánica que desafíe tendencias comerciales y accesibles. No soy un periodista ni un mercenario, soy un jugador.

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