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Analisis Cuphead

 

La belleza del delirio

 

Una simple imagen estática nos cautiva, se apodera de nuestra imaginación, y le damos movimiento, un soplo de vida. Este asombro no es frecuente en esta época. Hoy valoramos cualquier videojuego en acción, o mejor dicho su presentación en la Red, incluso antes de su existencia. Mala práctica, frecuente entre algunos desarrolladores, para crear expectativas y vender consolas. Polémicas aparte, regresemos a un pasado donde nuestro primer contacto con la novedad era una captura de pantalla en una caja o en una revista; aquella evocadora imagen que nos vendía un producto.

Así fue mi primer contacto con Cuphead, una serie de capturas de un proyecto con un estilo muy marcado. Aquellas imágenes con polvorientos dibujos parecían sacadas de un corto de animación olvidado en un rincón de la infancia. Allí descansaban Popeye, La noche de Brujas de Disney, El conejo de la suerte, El pájaro loco, y otros tantos a los que no alcanzo a poner nombre, pero cuya ruidosa demencia regresa entre ensoñaciones. Quise conocer más sobre el juego, sus mecánicas, admirarlo en la pantalla. Sin embargo, me olvidé del asunto hasta que en estos días llegó el lanzamiento. Volví a sentir el ansia de jugarlo, de conocer cómo serían aquellas imágenes en movimiento. Con ilusión entré en su mundo sin querer ver ninguna vídeo reseña antes de comprarlo.

 

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Cuphead es el cuento de su personaje homónimo y Mugman, que habiendo apostado y perdido sus almas en el casino del diablo, emprenden la búsqueda y captura de otros malditos con el fin de saldar su deuda. En su difícil misión, estos niños taza se enfrentarán a personajes lunáticos, surrealistas y esquizoides, característicos de la animación de los años 30. En especial, aquella de Silly Symphonies.

Es en esta estética de dibujo animado donde el juego luce con una heredada pero fuerte personalidad de la que carecen, en mi opinión, muchos títulos actuales. Ha hecho falta recobrar el comienzo de la animación para crear un producto original y evocativo. La intensidad y personificación de la flora y fauna, de los vicios, del delirio y estrés de la vida, de la muerte y la superstición, se dibujan y cobran vida en esta obra como antaño se hizo en aquellos cortos animados. Cebollas lloronas, barcos asesinos, científicos locos, ratones ingenieros o fantasmas de bigote y bastón, están dispuestos a acabar con nosotros en frenéticas e intensas fases a ritmo de jazz.

El apartado sonoro merece una mención especial. Los personajes parecen bailar al ritmo de una banda no solo atmosférica, sino que contribuye a la perfección con las desquiciadas situaciones de este mundo singular. Estas melodías, que permanecerán con nosotros al terminar la partida, marcan la jugabilidad con brillantez.

 

 

A los jugadores clásicos de la época de 8 y 16 bits, las mecánicas les resultaran conocidas y recordarán títulos como Probotector, Gunstar Heroes o Parodius. El sistema de juego, como ocurre con los cortos animados de los años 30, que no hace falta haber visto para sentir una cierta familiaridad con ellos, es fácil y reconocible debido a su continuidad en ambos medios.

Quiero decir, sencillo de aprender, difícil de dominar. Correr, saltar y disparar son nuestra única defensa ante el reto de conseguir las almas perdidas para el diablo y tendremos que prestar especial atención a los patrones de nuestros rivales.

El juego está dividido en dos tipos de misiones. En cada uno de los tres mundos que estructuran la historia, hay dos fases, estilo Run and Gun, donde podremos recoger monedas para comprar mejoras y nuevas habilidades. Estas aumentarán nuestra posibilidad de victoria en las fases de combate singular que forman el corazón de Cuphead.

Un argumento negativo podría ser la duración del juego, relacionada directamente con el nivel de dificultad, característica de los primeros arcades que nos obliga a aprender y repetir los diferentes enfrentamientos. De nuestra destreza depende el tiempo que pasamos agarrados al mando. El desafío no es pequeño y exige paciencia, concentración y reflejos. Al derrotar a una de las almas descarriadas y escuchar el gong de la victoria, tenemos una sensación de logro, de satisfacción que muy pocos juegos ofrecen hoy en día, y nuestra paciencia se ve recompensada. Si bien no es extenso, el nivel de dificultad y el reto de obtener una mejor puntuación, alargan la vida de Cuphead, que por otra parte, considero adecuada y justa.

 

 

Tema aparte es la presencia de errores en los breves días de su estreno. Muchos jugadores reportan incómodos problemas, tales como perder el progreso de su partida, molestia muy frustrante y que podría ensombrecer el lanzamiento. Al menos en la versión de Steam, el único inconveniente que he encontrado es la suspensión del programa cuando mueres en alguno de los combates. Algo que sin duda se solucionará con en un futuro parche y que no me ha impedido disfrutar y completar la aventura.

Cuphead, obra maestra como videojuego, es un regalo por partida triple que complacerá a jugadores, melómanos y amantes de la animación. Aquí se nota el desmedido esfuerzo y el cariño de un buen trabajo. Han hecho falta años de gráficos foto realistas para que alguien hurgase en el recuerdo y encontrara lo soñado en aquél desgastado cajón de la imaginación. Lo que descubrimos ahora es terrible, demente y bello.

 

 

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5 comentarios

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  1. malevolus 10 de octubre de 2017 a las 16:19 Responder

    Sin recurrir a un apartado gráfico fotorrealista, que es lo que habitualmente prima hoy en día, este juego es una puta delicia gráfica. Es lo que comenta el redactor en una parte de la review, no sé cómo no se le habia ocurrido a alguien hacer un juego con esta estçetica tan molona, tan representativa y tan llena de vida. Sus imágenes son capaces de transmitir muchas muchas cosas más allá de un mundo de animación o fantasía.

    Belmont, enhorabuena por el analisis (creo q es el primero no??) y espero poder seguir leyendo nuevos textos tuyos de aquí en adelante

    Saludos a todos, que ya se han terminado las vacaciones!

  2. RUBIO 10 de octubre de 2017 a las 21:10 Responder

    Como no lo he jugado no puedo comentar mucho acerca de Cuphead, más allá de que su diseño artístico me parece una pasada y sus mecánicas un regalo para los jugadores que adoran los clásicos.

    Si quiero aprovechar este post para felicitar a nuestro nuevo colaborador, Belmont, por este primer y estupendo aporte. Espero de corazón que sean muchos más porque además de ser un buen redactor y un gran jugador cultivado, tenemos la suerte de tener entre nosotros a un compañero que siente los videojuegos de esa forma tan especial. Como suelo decir, un auténtico Caballero del Videojuego.

    Mi más sincera bienvenida a BornToPlay, Belmont.

  3. Belmont 11 de octubre de 2017 a las 07:25 Responder

    Muchas gracias por vuestros comentarios. Creo que Cuphead, si se tiene la posibilidad, no debería faltar en ninguna colección. Ha cumplido con mis expectativas. Saludos.

  4. Voyevodus 11 de octubre de 2017 a las 15:35 Responder

    Manda huevos que salga precisamente en la consola que no tengo de esta generación. ¿Se sabe si hay opciones de verlo en PS4 o Switch? No conozco al estudio responsable ni sé quién lo ha editado.

    Respecto al análisis, me ha gustado mucho. Lo único que me ha chirriado un pelín ha sido lo de “obra maestra”, y al final un 9 “escaso”.

    Pero gran texto. Esperemos que sea el primero de muchos.

    Un saludo!

  5. cobra 11 de octubre de 2017 a las 15:55 Responder

    De momento Xbox One y PC. Esperemos que pronto podamos verlo en otras plataformas porque estoy igual que tú Voyevodus… con unas ganas locas de hincar el diente a este Cuphead

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